
Fuego en la cabaña de mi prima Luisa.
¿ Cómo podríamos vivir sin admirar algo? ¿ Sin necesitar una persona, un paisaje, una cosa? ¿ Puedo vivir sin Fernando, la persona a la que más quería y admiraba? Si, puedo vivir. Escribo esto. Sobrevivo ahora.
La fuerza que hace que respire, que piense, que coma, es la llama que arde en mi corazón: inextinguible, firme, duradera.
Dice Salomón en el " Cantar de los Cantares" que es fuerte el amor como la muerte. Soy yo ahora campesina, llorando la muerte de mi pastor: " En mi lecho, por la noche busqué al amado de mi alma, busquéle, y no le hallé. Me levanté y dí vueltas por la ciudad, por las calles y plazas, buscando al amado de mi alma, busquéle y no le hallé." Cantar de los Cantares ( 3:1,2)
Espero que la fuerza de esta llama, consiga alimentar mi espíritu para seguir adelante, encienda mis ilusiones, me ayude en los baches del camino, en la búsqueda vital...¿ Qué es una pasión, un trabajo, una ilusión sino un camino para huir de la muerte?
Y en esta selva que es la vida, están las llamas inapagables de nuestros muertos y el fuego impetuoso de los que nos rodean. Ambos necesarios para vivir. Y escucho de fondo a Serrat cantando Los versos de Miguel Hernández: " ...besándonos tú y yo se besan nuestros muertos, se besan los primeros pobladores del mundo...".
La vida y la muerte, qué misterio. Como me dijo mi prima Luisa, ante la tumba de Fer: " él diría ahora: hasta lueguito."