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LEON NO ES FEROZ

Entra a mi barco, que cojo el timón y zarpamos

viernes, 31 de enero de 2014

Meditando en el office

     Primera hora de la mañana en el curro, y aquí estoy frotando enérgicamente cazuelas, cazos, perolas mientras medito. Lo que tiene un trabajo manual, es que te imbuyes en el ritmo del fregoteo y la espuma y te da lo mismo ocho que ochenta, cazuelas que fregar...En el fuego humean unos fondos de carne, unos sofritos, unas salsas y los chavales que estudian cocina cortan con destreza cebollas, puerros, deshuesan carne, limpian pescado y manchan la cocina por doquier.
   Pero aquí estamos Mari Luz y yo, cual Don Quijote y Sancho, para deshacer entuertos, o sea limpiar decenas de tablas de cortar, pucheros, fuegos, mesas de trabajo, azulejos. He dejado a mi compi planchando- hay comedor- en esta escuela de hostelería y yo me voy al office, a la plonge, que suena muy fino y es ese lugar por dónde pasan todos los cacharros sucios y quemados. Mi rocinante y mi lanza, son el estropajo y el jabón, sigo meditando inmersa en mis pensamientos diversos. Ya ves y los pijos en clases de yoga, de washi tape, de crecimiento personal, de regresión al pasado, de feng-sui, que si voy a consultar al coach, no hijo, te pongo yo media hora de fregoteo y sales relajado para una semana y quemando calorías además. Hay que salir de la zona de confort, dicen en psicología, pues nada políticos y mangantes al office de cabeza ya!!!
   Oigo un grito de la profe:
   - !!! Kevin ,hijo, que se te quema la " villeruá", despierta!!
Y Kevin José, le da vueltas a la villerois, mientras tararea un rap.
   Mientras paso bandejas, boles, placas de horno por el tren de lavado a un ritmo desenfrenado pienso en el bodegón que estoy pintando: dos botellas y dos limones. Me está quedando como un churro, madrecita de mi alma y de mi corazón. Ya lo dice mi profe: ¿ Quién ha dicho que pintar sea fácil?
   !! Qué díficil pintar un limón!!Pero cómo hay que hacer cosas que nos cuesten y salir de la zona de confort, tengo que poder con ese limón...
 
   Bodegón de Alfonso Paradelo, mi profe

Veo a Conchi, la profe de cocina, moviendo el guiso de cocido montañés con suma paciencia, mientras Guillermo me trae a fregar una cazuela quemada y Ramón algo humeante y carbonizado que parece una sartén. Los miro con ternura, son tan majos, y a la vez con desesperación !! Dios, cuánto manchan!!  Cosas de la juventud, todavía no saben ponerse en el lugar del otro. Pienso en el limón, en la botella, en los cacharros que me quedan por fregar, en el cocido y las salsas y me viene a la cabeza Josep Pla, nuestro sabio escritor catalán, que decía que dominar un oficio es cosa de larga paciencia. " Ars longa, vita brevis", el arte es largo, la vida breve, como el amor, como el ritmo de las cosechas, como la cocina...
   Habrá que ponerse sin prisa a ello, total ¿ qué nos espera allá afuera? Nada importante, nada que no pueda esperar. Nos tiene que salir rico el cocido, el limón bien plasmado en el lienzo, la sombra de la botella.
  ¿ Qué es la felicidad, sino paladear ese guiso hecho con amor? ¿ contemplar esa pincelada que nos deslumbra? Sigo con mi fregoteo; ver la espuma en los cacharros me relaja, creo que está meditación en el fregadero, es un tanto extraña, me lo voy a tener que mirar.






lunes, 27 de enero de 2014

La lentitud de las cosas



   Un estallido amarillo sobre un fondo gris, son las mimosas, que recortan su alegría sobre el paisaje invernal. Están ahí para recordarnos la inminente llegada de la primavera. Esta lluvia persistente nos refugia en el hogar, al lado del fuego, dónde chisporrotean unas castañas y nos impregna el aroma de la leña quemada.
   Café, pan tostado y la labor de punto sobre la mesa, tal vez un libro de poemas,unos cuadernos, un libro de Carmen Martín Gaite entreabierto y vislumbrando tras la ventana ese fulgor amarillo entre los tejados.
Es el sol, quién tocó a ese bello árbol con su varita mágica y lo transformó en copos dorados, cálidos, esponjosos...
   Es el quedarse todavía hibernando, replegado en nuestra cáscara interior, en mi concha, protegido por el techo, mis pensamientos, es meditar; enseguida febrero, despojandónos poco a poco de la piel del invierno, mudamos lentamente como una serpiente, dejando ver nuestra piel interior delicada, tierna, muy fina todavía, tiene que alimentarse y prepararse para el fulgor del verano, el aire, los contratiempos...y yo aquí, saco la cabeza cual tortuguita en mi duro caparazón, y me escondo otro rato. Un poquito.
   Las mimosas se mecen suavemente dejando caer algún pétalo sobre mi cabeza. Todavía la lentitud de las cosas. Todavía las mimosas.