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LEON NO ES FEROZ

Entra a mi barco, que cojo el timón y zarpamos

lunes, 27 de enero de 2014

La lentitud de las cosas



   Un estallido amarillo sobre un fondo gris, son las mimosas, que recortan su alegría sobre el paisaje invernal. Están ahí para recordarnos la inminente llegada de la primavera. Esta lluvia persistente nos refugia en el hogar, al lado del fuego, dónde chisporrotean unas castañas y nos impregna el aroma de la leña quemada.
   Café, pan tostado y la labor de punto sobre la mesa, tal vez un libro de poemas,unos cuadernos, un libro de Carmen Martín Gaite entreabierto y vislumbrando tras la ventana ese fulgor amarillo entre los tejados.
Es el sol, quién tocó a ese bello árbol con su varita mágica y lo transformó en copos dorados, cálidos, esponjosos...
   Es el quedarse todavía hibernando, replegado en nuestra cáscara interior, en mi concha, protegido por el techo, mis pensamientos, es meditar; enseguida febrero, despojandónos poco a poco de la piel del invierno, mudamos lentamente como una serpiente, dejando ver nuestra piel interior delicada, tierna, muy fina todavía, tiene que alimentarse y prepararse para el fulgor del verano, el aire, los contratiempos...y yo aquí, saco la cabeza cual tortuguita en mi duro caparazón, y me escondo otro rato. Un poquito.
   Las mimosas se mecen suavemente dejando caer algún pétalo sobre mi cabeza. Todavía la lentitud de las cosas. Todavía las mimosas.

1 comentario:

Oli Nacar dijo...

Casi se huelen las mimosas, y las castañas, el café y el pan tostado...