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LEON NO ES FEROZ

Entra a mi barco, que cojo el timón y zarpamos

martes, 22 de diciembre de 2009

la luna en un cuévano


Laredo desde el puntal-las dunas, mis pinceles y yo


De niña iba a diario a la plaza del mercado. Siento todavía la mano fuerte y protectorade mi madre, apretando. Había mujerucas con el carpancho a la cabeza que venían de sus huertas, con alubias, puerros, hortalizas...había " panchoneras" que traían pescado fresco en el carpancho. Venían del muelle dónde acababa de atracar el barco del marido, del hijo, del hermano...el destellaba en el pescado fresco,vivo, coleando aún...
Mi madre me contaba que mi abuela vendió fruta en esta plaza. Mis ojos infantiles miraban a aquellas mujeres, algunas ya entradas en años, con la pesada carga en la cabeza. Andaban rápidas, seguras, las manos en la cintura, la sonrisa en la boca...
En aquel eucaliptal dónde vivió mi madre su niñez y juventud, había una huerta. Una huerta cerca del mar. Mi madre y mi abuela esperaban en la playa, en el puntal, a la barca de Maurilio, para vender su mercancía en el pueblo vecino.
Era bello y duro. Como meter la luna en un cuévano. Eso hacían mi madre, mi abuela y todas las mujeres que llevaban una pesada carga en la espalda, en la cabeza, en el alma.

8 comentarios:

Lola dijo...

Eres tu la que pintas? Leo tu blog y creo que eres una persona que expresa sentimientos preciosos. Te pongo en mis blogas amigos para seguirte. Un abrazo de Lola y gracias por haber entrado en mi blog.

Elvira dijo...

Me gusta tu escrito y tu mar en ese cuadro. Saludos

Miguel Baquero dijo...

Me ha costado llegar hasta aquí entre tu lista de blogs, pero la imagen que me he encontrado (visual y escrita) lo merece. Gracias por tu visita

pepa mas gisbert dijo...

Una descripción muy visual.

Gracias por pasarte por mi casa y como regalo de bienvenida un poema de Carlos Marzal en mi voz, pincha en:
pluscuamperfecto de futuro

Joselu dijo...

Recuerdo mi andadura por la playa de Laredo, con mis pies desnudos sintiendo las olas, hacia el barquito que me llevaría a Santoña. Era un día gris y la playa estaba vacía. Estaba haciendo el camino de Santiago del Norte. Hermosos y delicados recuerdos de niñez. Un cordial saludo.

Rubén Lapuente Berriatúa dijo...

Tu escrito rezuma pureza.Lirismo sin trampa.Un placer leerte.
Besos

Anónimo dijo...

Nada como echar un vistazo sobre el hombro...

besos

El Doctor dijo...

Tus escritos transmiten una calma que me va muy bien,mi querida amiga.
Mis mejores deseos.
Besos y un fuerte abrazo.